EPSFROS
SEMINARIOS A NOMBRE PROPIOS

Una lectura sobre el Seminario XV de Lacan - El acto psicoanalítico

DICTANTE: Sabatino "Cacho" Palma
2º y 4º martes - 20hs

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En cuanto al dictado

Voy a empezar con un pequeño repaso de las primeras cuatro clases, para inmediatamente, meterme con la clase V, del 10/1/1968 (cuatro meses antes del MAYO FRANCÉS). Allí Lacan armado estructuralmente por el cuadrángulo de Klein (o como supe llamarlo el año pasado, cuadrángulo maldito), ubicará el ELLO Y EL INCONSCIENTE EN DOS PLANOS DISTINTOS, para avanzar fuertemente en una nueva propuesta para la cura en psicoanálisis, ya que ubicada y planteada su lógica, quedará formulada la bipartición que advendrá al fin de un análisis, donde el objeto resto, caído de la transferencia (caída del sujeto supuesto saber), quedará del lado del analista, que no habrá cedido, que no habrá experimentado temor ante su ACTO y del lado del sujeto la operación verdad: castración, ya que en tanto sujeto del significante (segundo con respecto al significante), asumirá su división subjetiva, luego de haberse comprometido en su trabajo, la tarea analizante.

Efectivamente del lado de el ELLO, tendremos la estructura gramatical (que excluye al YO), allí donde soy, y no me pienso, sujeto acéfalo de la pulsión, donde la punta del “soy” la encontramos en el objeto y en un modo de goce. Mientras que del lado del INCONSCIENTE, allí donde me pienso y no soy (pensamientos inconscientes, anteriores a cualquier forma de pensamiento), será el lugar donde operen la metáfora y la metonimia, y donde arderán las formaciones del inconsciente.

Me resultará pertinente acompañar la lectura del Seminario de Lacan, ubicando de manera precisa el concepto de repetición (en lo Real), ligado al significante (en lo Simbólico) más que a la escena (en lo Imaginario). Para eso será necesario diferenciar el concepto de repetición del fenómeno de la reiteración, que suprime lo más valioso de cada vuelta, al intentar eliminar o corregir aquello Real, cuya punta siempre altera y escandaliza, en tanto pone en juego al objeto “a”, y además con la experiencia del análisis, queda en claro que cada formación del inconsciente (lapsus, sueño, fallido) también pone en juego lo Real a través de un sensible despertar del adormecimiento cotidiano regulado por el fantasma. Sostener- se en la reiteración, es hacer todo lo posible para confinar a nuestro sujeto al campo de la homeostasis (ideal de la psicofarmacología o de las recetas adaptativas), para que no vaya más allá del principio del placer, con sus promesas de felicidad y de alegría. Si la repetición significante golpea (hace percusión), eso deja una marca, primera alienación forzada del sujeto, donde elegirá ser esa marca (no puedo “no ser”). Allí donde ello era, el sujeto viene a alojarse (allí), en esa gramática de la pulsión, a encontrar allí su lógica, debo advenir ICH. Ésta lógica convoca al plano siguiente de la alienación, propio de la bedeutung de los pensamientos inconscientes, que designa la radical inadecuación de todo pensamiento, allí donde pienso y no soy, con la realidad del inconsciente (realidad del sexo).

Esto implica tres pasos decisivos en la propuesta de Lacan 1- Retorno a Freud, 2- Retorno a la letra de Freud, es decir a una lectura lógica y estructural, paso previo a toda formalización 3- Ese retorno se celebra con el concepto de la repetición (donde repetir no es encontrar la misma cosa y menos aún, repetir indefinidamente).

Si en la primera clase de su Seminario nos dice que “El psicoanálisis, eso hace algo. Esto hace. Eso no alcanza. Es esencial; está en el punto central, es la visión poética, propiamente dicha de la cosa. La poesía también, eso hace algo” (Les recuerdo que ESO <ES>, en lengua francesa, es también ELLO).

Es a partir de la repetición que el significante puede postularse en el orden de la creación (combinación, polisemia, diversión <como versiones diferentes> y sinsentido). Donde la verdad vendrá de un hacer (Fiat lux), ya que entiendo que el retorno a Freud sostenido en la repetición, es un ACTO CREATIVO (esperamos y con derecho, que el anunciado, por nuestros maestros, Retorno a Lacan, no pierda de vista el acto creativo) que lejos de ocultar el escándalo, lo promueve, y no sólo teóricamente, si no que se compromete a llevarlo a la práctica.

Si el significante está en el principio del acto (donde la dimensión significante no falta jamás). Tenemos también y desde nuestra experiencia, la antesala del Acto del analista, repartida en dos actos que dan inicio a cada partida, del lado del analizante su decisión y su compromiso en la tarea (asociación libre). Y del lado de quién lo recibe, su instalación, su declararse como practicante del psicoanálisis, lo que hace a su vez, a un compromiso y a una decisión ética sobre su formación y su autorización en la polis. Así como en cada principio es la transferencia lo que anuda la tarea analizante con la escucha del analista (atención flotante y abstinencia), saber hacer mediante. La formación del analista y el hacer Escuela se anudan en la Transferencia de trabajo.

Aporte de otros campos: TOMO TEXTUAL DE HORACIO GONZÁLEZ_ Pagina12. https://www.pagina12.com.ar/9035-por-fin-llego-el-conductismo

El concepto de conducta tiene tantas interpretaciones como la raíz de la que proviene: conducir, conducirse. El macrismo ha puesto en circulación otros significados, que lo sacan de su cómoda ambigüedad para convertirlo en una nueva teoría de la administración biopolítica de las personas. Frente a la actual crisis educativa, que es una crisis pedagógica y humanística antes que tecnológica y de impericia para adentrarse en el mundo de los textos, el macrismo está alentando -a través de figuras de última hora como el neurólogo en ascenso Facundo Manes-, un engendro educativo basado en las neurociencias. Es dudoso que esta perspectiva tan errónea como injusta con la tradición pedagógica nacional consiga otra cosa que la biologización de las instancias sociales del aprendizaje. Nada podemos esperar de esta embestida que acaba con la autonomía del “logos” educacional argentino, maltrecho pero perseverante.

Sin embargo, descubre un aspecto ya esbozado en el macrismo y definido hasta ahora por sus filósofos oficiales tanto como por el escueto y laborioso fraseo del propio Macri. El neoliberalismo no es cosa simple: viene acompañado por la vieja escuela conductista, que hace de la conducta un plan adaptativo basado en la teoría del reflejo, más empobrecida que en la época del propio Pavlov. Se dice del foso creado por las nuevas formas de lectura y la incerteza que provocan los instrumentales técnicos que no quedan integrados al discurso pedagógico, sino que permanecen extraños a él, como invasores al acecho; por ejemplo, la cuestión del uso de celulares en horas de clase. No es cuestión simple, pero para el conductismo todo lo es. La conducta así entendida emanaría no de juicios de naturaleza ética, sino de técnicas cognitivas, una mezcla de psicología informática e inteligencia artificial. Recuérdese la histórica consigna balbinista, “Balbín conducta”, que significaba otra cosa. Suponía dar una nota de elevación moral de la conciencia personal; luego cuando fue cambiada por “Balbín solución” muchos viejos radicales protestaron por la pérdida del tono ético. Esos hombres ya no están más o quedaron dignamente en la resistencia.

El conductismo, salido de las entrañas del productivismo capitalista, parte de un complejo sistema de acciones y reacciones localizados en el cerebro. Sin embargo, los neurocientistas siempre buscaron una ética, y el ejemplo mayor de esa búsqueda lo teníamos cerca, correspondía al epistemólogo Mario Bunge, que proponía una ética neurobiológica que desembocaba en un liberalismo que, antes que nada, cuestionaba las metáforas que le dan vida a toda lengua, incluyendo todas las filosofías conocidas de la praxis y las investigaciones psicoanalíticas, que ocurren en el interior de la inescindible pero compleja relación del lenguaje con el mundo de las prácticas.

Aquí ni siquiera eso, pues el nivel de los conductistas del macrismo (el neuro-macrismo) lo expresan no solo los políticos que hablan en su nombre, sino también los nuevos brebajes del conductismo empresarial (el coaching) y toda la desafiante veta especulativa que proveen arlequines como Durán Barba, al que no sólo puede vérselo como un hechicero repleto de torpes artimañas, sino como anticipador de este conductismo que quizás no supimos ver desde su inicio, cuando ya se insinuaba con la recuperación de un Nietzsche empresarial o para empresarios la “voluntad de poder” asociada al “management”. Cuando entre las tantas supercherías que derrama, Durán Barba dice que nada más importante que el timbreo en una casa modesta por parte de una figura pública (el propio presidente, captado específicamente con su displicente figura frente a un domicilio suburbano), la crítica que se le hizo a este artefacto ilusorio era obviamente la que lo señalaba como la construcción artificial de un arquetipo.

No nos dimos cuenta que ese timbre era como la campana de Pavlov y que estaba destinado a su “viralización”, palabra que alguna manera conjuga neurociencias bacterianas e informática. En un reciente artículo Durán Barba expone su credo, haciéndolo remontar a las conductas de los primates ante la selva desconocida. Se actúa allí con “inteligencia emocional” -un concepto conductista vecino a la “inteligencia artificial”- y rápidamente se hacen cálculos de sobrevivencia de la “especie”. “Cuando alguien abre la puerta de su casa y se encuentra con algo o alguien muy inusual, no olvidará la experiencia”. Eso dice Durán. Lo que significa que esa es la manifestación actual del núcleo de una nueva ciencia experimental que vendría de la prehistoria. ¡Con este develamiento, perdimos varios siglos enredados en inútiles antropologías! Nada sabíamos del Timbreo Experimental Inusual.

La mayor parte de nuestras decisiones las tomamos a partir de lo que vemos, agrega Durán, en las barbas del Obispo Berkley. Y remata: “A los consultores nos interesan las palabras del candidato, pero sobre todo qué es lo que entenderán los electores, que tienen sus propios códigos de comunicación. Cuando una persona escucha un discurso, solamente una mínima parte de la información que recoge es denotativa, es decir, tiene que ver con el contenido del texto. Cuatro quintas partes tienen que ver con la forma y el contexto en que se pronuncia el mensaje”. ¡Horror! ¡Vivimos equivocados desde el Hombre de Neanderthal! ¡Sólo se entienden los textos en una “mínima parte”! ¿Incluso los de Macri? ¡Caramba! ¿Hay que festejar en las escuelas y universidades este gran descubrimiento? Este es un tramo anticipador del manual de neurociencias, al que los cirujanos de la educación llegan tarde, porque lo teníamos ante nuestros ojos y no lo habíamos apreciado bien.

Es que, como dice el mismo Durán, la gente toma decisiones por lo que ve, y bajo esos estímulos esenciales de peligro se va formando el cerebro. Desde el hombre Neolítico al cerebro de este consultor político pasaron millones de años. Seguramente pasarán muchos menos para que una verdadera movilización de las fuerzas culturales, humanísticas, críticas, analíticas, científicas y tecnológicas del país, reaccione con argumentos novedosos y congregantes ante estos macaneos vergonzosos, al gusto de una nueva clase de lúmpenes-empresarios. Hay que decirles que están secas las pilas de esos timbres que van a apretar.

Entonces, tengo algo que contarles:



Partiendo del texto del amigo Horacio (todo Hamlet tiene en Horacio a su confidente latino). Recordé que justamente Lacan en su Seminario de EL Acto, comienza la primera clase, diferenciando claramente el Acto del psicoanalista del ACTO REFLEJO (del orden de la reflexología y de las psicologías de las conductas). Allí Lacan asume como un desvió notable de la práctica del psicoanálisis, el hecho de confundir acto con acción, y a su vez, de ligar a la acción con la noción de motricidad (“todo debe funcionar”, “todo va mejor”), en desmedro de la política del síntoma y de lo que no anda en lo Real. Lacan se preocupa por volver a situar la cuestión del sujeto y el sujeto cuestionado, que justamente deja de ser cartesiano (Alain Didier Weill <amigo de la casa y otro simpático Horacio> supo divertirnos en Rosario, cuando nos confiaba “cuando bailo dejo de ser cartesiano”), ya que el estatuto del inconsciente, cambia, modifica, cuestiona, todo lo que pueda ser planteado sobre el sujeto en tanto tal.

Resulta claro que, la exaltación de las conductas y su apoyo en el manejo arbitrario de las neurociencias con el aval de la tecnología, más la proliferación de objetos descartables, aptos para la voracidad y afines al torbellino mediático, conllevan una negación del inconsciente y una supresión del sujeto deseante, en tanto su marcada ideología sostiene la necesidad de eliminar el vacío y tapar a cualquier costo y de cualquier manera, aquello que nos falta y que nos determina como sujetos causados por un deseo. Donde la ignorancia ya no es referida a esa parte de incógnito que nos habita, si no que es elevada a un no querer saber nada, del orden de la desestimación y de la desapropiación del sujeto esclavizado por el consumo, que compra ya y no puede pensarse (No estoy sólo, puedo salir a comprar, Canta Mollo con su grupo “Divididos”).

Me sirvo de ésta pequeña cita de Pierre Bruno en su artículo: Sobre la debilidad mental: Ciertamente, no es por azar, si Lacan evoca la experiencia pavloviana en la que la asociación significante S1-S2 (siendo así, en la experiencia princeps de Palvov la secuencia: estímulo condicionado- campanilla, estímulo incondicionado-la carne) es para el animal que lo soporta una holofrase, en tanto que el corte que allí opera el experimentador por la sustracción del S2 (estímulo incondicionado) aquí pone de relieve su solo deseo, deseo que el animal es incapaz de interrogar por el hecho de que no es un ser hablante.


El modelo imperante, requiere para imponerse de la utilización del viejo modelo pavloviano, sostenido en la idea de motricidad y de descarga, que a su vez se ve empobrecido por un ensalzamiento del individuo (indiviso y proclive al campo de las estadísticas) en desmedro del sujeto (vecino en vez de ciudadano, ya que ciudadano conlleva la idea de un sujeto con derechos políticos). Ensalzamiento, y a la vez, desmantelamiento subjetivo, que impedirá interrogar los significantes que llegan del campo del Otro.


El amigo Horacio nos hace saber que poco importa el contenido de un discurso, que ya no interesa tanto lo que se dice. A lo que agrego, que bastará con enfundarse en un modo “alegre” de hablar, en mantener “los buenos modales”, en un tono siempre moderado y equilibrado, que favorezca el adormecimiento y donde el diálogo no sea más que aparente y funcione como una pantalla de gestos reiterados y de elaborados clisés. ¿Acaso le interesan las palabras de un ser sufriente o pa-de-ciente, al profesional conductista, o coño- tivista, que armado de todos los artificios (siempre bien provistos por laboratorios y empresas) se enfunda en un saber previo a toda construcción subjetiva? Efectivamente ese profe- sio- anal, no necesita escuchar demasiado, sólo tiene que corroborar que su nuevo paciente es efecto de una causa ya sabida de antemano, luego, solo queda medicar y como en aquellos sucesos desgraciados de los diversos campos de concentración del siglo XX (negación elocuente de cualquier progreso) no se respetará ni a niños, ni a abuelos, todos deberán pasar por las cámaras y los laboratorios de experimentación. Las nuevas prácticas en la salud y en la educación (entre otras esenciales a nuestra condición humana)) Ya no se preocupan por un saber de la experiencia, menos aún por construir una experiencia y producir experiencias creativas y cuestionadoras, donde cada sujeto pueda apropiarse de su historia y de su materia. Así es que toda experiencia queda abolida en provecho de la instrumentación de un poder que sólo necesita experimentadores y experimentados.


SABATINO CACHO PALMA- FEBRERO 2017