EPSFROS
ESPACIOS CLÍNICOS

Sección Clínica del Hospital Provincial de Rosario

Ricardo Díaz Romero
DÍA Y HORA: Miércoles 04 de Julio 10:00 Hs.
1º miércoles

Coordinación: Ricardo Díaz Romero|| Frecuencia: 1º miércoles

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Esquema y fundamentos de un dispositivo posible

para el intento de transmisión de la práctica

 

 

Coordinación: Ricardo Diaz Romero

Este esquema se montaría en la Sección Clínica del Hospital Provincial de Rosario los primeros miércoles de cada mes, de 10,00 a12,00 horas

- La problemática:

A menudo nos conformamos repitiendo a Lacan cuando afirmara que: el analista es al menos dos: uno, aquel que está en su práctica y otro, el del momento de dar razones de lo bien fundada de la misma. A estos dos momentos los nombramos como: la práctica, al primero, la clínica al segundo. Definiendo, entonces, como la clínica de un caso a ese momento en el que se construye un relato organizado del mismo en el que se hace intervenir a la teoría desde dos formas: una, cuando la teoría interroga al relato y otro, donde el relato interroga o cuestiona a la teoría.

Mantengamos estos nombres para poder interrogar, más allá de ellas, a otras posibilidades que están señaladas en ese al menos. Porque, evidentemente, sabemos de otros momentos de interrogación de la relación de un analista con su acto: el ejemplo más corriente es el control.

Otro, no menos frecuentado es ese momento en el que un analista re-inventa el psicoanálisis, es decir cuando hace sus teorías para intentar dar cuenta de eso que cada análisis le enseña. A eso lo conocemos como el momento de la teoría.

Imaginemos, ahora, otro momento de la relación del analista con su acto que no fuera ninguno de estos enumerados anteriormente, sino uno que consistiera en dirigir un relato de un fragmento de su práctica a alguien, que sostendría ese lugar a los fines de que otros – presentes, con el compromiso de su escucha y de su silencio – lean, en el texto que se constituye al dirigir el relato de ese modo. Todo esto a los fines de que pueda hacerse circular la palabra alrededor de los términos del texto así obtenido.

De esto se trataría en la propuesta de un dispositivo para este momento que propongo llamar: intento de transmisión de la práctica.

- El esquema de la escena:

Intentaríamos el trabajo con un grupo cerrado que acepten las pautas siguientes:

1 : Uno cualquiera, determinado por sorteo – es una posibilidad a la que estamos habituados por la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis – dirigiría el relato de un fragmento de su práctica hacia el lugar para el que me ofrezco... y solo hacia allí.

2 : La función que asumiría consistiría en intentar, por todos los medios, que se sostenga esa dirección del relato, mientras este dure. Plantear alguna pregunta que posibilite la continuidad del mismo, preguntar cuando las necesidades lógicas lo requieran. Ni interpretar, ni corregir, ni censurar.

3 : Cuando el texto esté “completado” por alguna escansión del mismo – no podría decir si una hora, diez minutos ... , se da por cerrado el texto del relato.

4 : En ese momento, quien aportó su relato se va a su casa, o se va a Europa ... o si la capacidad de metáfora de los asistentes y de él mismo lo permite, permanece en la escena de la experiencia, pero, como presentador ya no está.

Es fundamental comprender y aceptar lo siguiente: EL TEXTO PRESENTADO ESTÁ COMPLETO, NO LE FALTA NADA, NO SE PUEDE AGREGARLE NADA, TENEMOS QUE TRABAJAR CON LOS AGUJEROS QUE SE LE PRESENTEN A CADA UNO.

5 : Por lo tanto, la función que solicito es la de que todas las preguntas y comentarios, a partir de este momento, sean dirigidas al lugar que me ofrezco a sostener. Por supuesto que, en la medida en que no pedimos que cada uno reprima sus ocurrencias y preguntas, habrá preguntas y comentarios dirigidos al presentador, pero, EN LA MEDIDA EN QUE ÉL YA NO ESTÁ, se derivaría esa pregunta hacia el trabajo de circulación de la palabra, es decir que ustedes deberán autorizar que todas las preguntas me sean dirigidas, aun cuando parezcan dirigirse hacia otros.

6 : Quien presentó, a partir de este momento, escuchará lo que se trabaje sobre su texto, y tendrá la ocasión de que “escuche su propio mensaje invertido, como viniendo del Otro”. La frase no les será desconocida, seguramente y, de este modo encontrará, y solo para sí mismo, y a posteriori, los efectos de su acto.

7 : De acuerdo a mi experiencia, les propongo no prolongar por más de hora y media o dos horas este trabajo. Esto no impide que pueda ser retomado por ustedes de la forma creativa que pudieran darse.

- Fundamentos:

1 : En la medida en que se trata de decir sobre un acto, el del analista, que se caracteriza por no requerir el concurso del “yo”, de la conciencia o de la razón, y en la medida en que no podemos solicitarle a un analista otra cosa que el testimonio que sus ocurrencias le aporten, quien presente no necesitará hacer un trabajo clínico ni teórico previo del fragmento a presentar. Esto da la chance de que el sorteo se efectúe antes mismo de cada experiencia.

2 : Por ello, solo se solicitaría dirigir, hacia quien coordina, un fragmento de su práctica con la esperanza de poder llegar a saber qué es lo que de eso resultó, qué es lo que resultó como consecuencia de su acto. Este es, cuando se logra, el mayor efecto del trabajo.

3 : Para hacer acto lo que Lacan decía de que hay un saber referencial : es decir ese saber establecido en las teorías y puede que aprenderse ; y, además, que hay otro saber : aquel que se pone en escena por la palabra y que está hecho de recuerdos, olvidos, censuras, fantasmas, deseo, fallidos ; por eso es que se solicita a quien presente, que se avenga a correr el riesgo de hacer presente – para sí mismo – algo de la verdad de su práctica. Todo este dispositivo está dirigido a cuidar – hasta el extremo – la constitución de un texto y los detalles que resguarden a quien presente su relato de los efectos imaginarios del grupo, y, fundamentalmente, de cuidar los efectos de su enunciación. Esa es la función para la que me ofrezco.

He tomado la decisión de escribirlo en un archivo de Word, para que sea copiado y entregado a cada uno de los supuestos integrantes de la experiencia, para que cada uno dé o no su consentimiento a la misma, teniendo en cuenta lo que Freud pedía a aquellos a quienes solicitaba someterse al método: “No es necesario creer en él, solo se trata de avenirse al método planteado”.